Micro-relatos

Micro-Relato IV – El Maestro

el maestro

Nadie sabía su edad. Parecía demasiado viejo para ser joven y demasiado joven para ser un viejo. Esperaba sentado sobre la alfombra a su alumno más querido, que se retrasaba, mientras escuchaba una suave melodía. Habían pasado diez años desde que el muchacho apareciera en su casa buscando ayuda… En cuanto lo vio supo que era “Él”. Aquel que tenía que llegar. En estos años poco había cambiado… o eso parecía. El alumno seguía teniendo cara de niño pero ya no era un recipiente vacio. El Maestro había volcado en él toda su sabiduría. Ahora era el más valioso de los hombres, aunque Él todavía no lo sabía.

-Otesania- 2015

Micro-relatos

Micro-relato III – La Mirada

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Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando le devolvió el libro y sus manos se rozaron. Se asomó al balcón de sus ojos color miel y vio en ellos cientos de años de espera y un halo de profunda tristeza que lo dejó sin respiración por unos segundos. Nunca había visto una mirada tan bella y tan triste a la vez… ¿O sí?  Desde su encuentro, esa mirada volvía una y otra vez a su mente como un flash pero ignoraba el motivo. Mientras subía corriendo los peldaños pensó:
– Ahora sí que llego tarde a mi cita con el Maestro.

-Otesania- 2015

Micro-relatos

Micro-relato II – La Certeza

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Nunca llegaría a saber por qué aquella mirada la había hipnotizado. Nunca sabría por qué esa voz había conquistado su corazón en sólo un segundo. Nunca sabría por qué el tiempo se paró de repente cuando «El Principito» volvió a sus manos pero, lo que sí supo al instante, es que era “Él”. Había «tropezado» con el hombre que tenía que llegar a su vida. El que tenía la otra mitad. El único que podía resolver el conflicto iniciado hace muchos años. Demasiados. Ya faltaba poco para que todo terminara. La Profecía empezaba a cumplirse y no había vuelta atrás.

Otesania – 2015

Micro-relatos

Micro-relato I – El Encuentro

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Él tenía ojos negros y cara de niño. Viajaba en el segundo vagón y estaba inquieto. Ella tenía miel en la mirada… y en la sonrisa. Leía por cuarta vez «El Principito», intentando no llorar de nuevo.

– Próxima estación: Atocha. Dijeron por megafonía.

Ella salió. Él seguía consultando su móvil pero alzó la vista y, a punto de cerrarse las puertas, salió corriendo con tal ímpetu que arrolló a la mujer que salía leyendo un libro, que saltó por los aires.

– Toma. Lo siento. Llego tarde. Dijo avergonzado.

Ella sonrió. Sus miradas se cruzaron… y se detuvo el tiempo.

Otesania – 2015

Micro-relatos

Micro-relato – «¡Buenas noches vida!»

buenas noches vida

Soñar es fácil para aquellos que todavía tienen sueños igual que escribir es fácil para quien tiene una buena historia que contar.

Estaba sentado frente al ordenador portátil del que no se había despegado en las últimas cuarenta y ocho horas. Sonó el teléfono pero no contestó. Ya era tarde. Demasiado tarde. Bebió el último sorbo de la taza. Cerró el cuaderno y lo dejó sobre la mesa. Volvió a abrirlo y escribió cuatro palabras más. “Fin de la historia”. Cerró los ojos y deseó poder tener sueños, dulces sueños, aunque ya no sería posible. ¡Buenas noches vida!

Otesania – 2015