Micro-relatos

Micro-relato V – El alumno

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Trabajaba duro de 8 a 2 pero el resto del día lo dedicaba a su gran pasión: la Música.

Su madre lo supo cuando, con tres años vio que daba vuelta al cubo y empezaba a dar golpes rítmicamente con la pala. A medida que iba creciendo cualquier instrumento musical que pasara por sus manos llamaba su atención: un tambor, una guitarra, una flauta, una gaita, un teclado…

Amaba la Música y siempre estaba canturreando. De niño soñaba con hacer algún día sus propias creaciones. Las melodías estaban en su cabeza pero tenía que encontrar la forma de sacarlas de allí. Necesitaba un maestro.

Otesania – 2015

Micro-relatos

Micro-Relato IV – El Maestro

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Nadie sabía su edad. Parecía demasiado viejo para ser joven y demasiado joven para ser un viejo. Esperaba sentado sobre la alfombra a su alumno más querido, que se retrasaba, mientras escuchaba una suave melodía. Habían pasado diez años desde que el muchacho apareciera en su casa buscando ayuda… En cuanto lo vio supo que era “Él”. Aquel que tenía que llegar. En estos años poco había cambiado… o eso parecía. El alumno seguía teniendo cara de niño pero ya no era un recipiente vacio. El Maestro había volcado en él toda su sabiduría. Ahora era el más valioso de los hombres, aunque Él todavía no lo sabía.

-Otesania- 2015

Micro-relatos

Micro-relato III – La Mirada

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Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando le devolvió el libro y sus manos se rozaron. Se asomó al balcón de sus ojos color miel y vio en ellos cientos de años de espera y un halo de profunda tristeza que lo dejó sin respiración por unos segundos. Nunca había visto una mirada tan bella y tan triste a la vez… ¿O sí?  Desde su encuentro, esa mirada volvía una y otra vez a su mente como un flash pero ignoraba el motivo. Mientras subía corriendo los peldaños pensó:
– Ahora sí que llego tarde a mi cita con el Maestro.

-Otesania- 2015

Micro-relatos

Micro-relato II – La Certeza

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Nunca llegaría a saber por qué aquella mirada la había hipnotizado. Nunca sabría por qué esa voz había conquistado su corazón en sólo un segundo. Nunca sabría por qué el tiempo se paró de repente cuando «El Principito» volvió a sus manos pero, lo que sí supo al instante, es que era “Él”. Había «tropezado» con el hombre que tenía que llegar a su vida. El que tenía la otra mitad. El único que podía resolver el conflicto iniciado hace muchos años. Demasiados. Ya faltaba poco para que todo terminara. La Profecía empezaba a cumplirse y no había vuelta atrás.

Otesania – 2015