Escritos

y en 2019….

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En este nuevo año que comienza recuerda que tienes por delante otros 365 días para seguir  construyendo  tu futuro así que… busca huecos en tu apretada agenda  y …

Sé luz que ilumina la oscuridad.

Sé remanso de paz en medio del torrente.

Sé un rayo de sol al final de la tormenta.

Sé agua pura y cristalina en la inmensidad del desierto.

Sé  un soplo de aire fresco para los que se sienten asfixiados.

Sé lo que quieras ser y persigue tus sueños sin hacer daño a nadie pero sobre todo, sé tú mismo…y no te obsesiones con la meta…. ¡Disfruta del camino!

¡¡¡Feliz 2019!!!

© Otesania 2019

Escritos

¡Mi futuro va de la mano de su futuro!

En Sanabria tengo dos lugares «especiales» que me dan energía cuando la necesito. Uno está sobre un peñasco en lo alto de un cerro… Desde allí puedo darme cuenta de lo inmenso que es el mundo y tomo conciencia de que soy tan pequeña como una mota de polvo en el espacio. El «ego» allí arriba se hace tan diminuto que desaparece por completo y la inmensidad del paisaje me recuerda, una vez más, que las cosas importantes de la Vida no son «cosas» porque lo material, lo «mundano» allí, en medio de la nada, con la fuerza del viento golpeándote el rostro y zarandeando tus pensamientos, no tiene ningún valor.

El otro lugar «especial» está sobre un peñasco también… pero este lo encontré el verano pasado sumergido en el Lago de Sanabria… a unos 50 metros de la orilla. No está a la vista… como casi todas las cosas «esenciales»…que son invisibles a los ojos. Hasta que no te acercas nadando no lo ves porque su cima está como dos palmos por debajo de la superficie del agua. El sábado pasado estuve allí sentada un buen rato….A mi espalda oía el jaleo de niños y grandes bañándose en la orilla. Al frente…el sol calentaba mi piel y las olas mecidas por el viento llegaban a mí suavemente. A lo lejos…en el horizonte… se recortaba la silueta de esas montañas que rodean el Lago y que desde esta perspectiva se me antojan inmensas…. y entonces me dio por pensar que allí, en medio de ese Lago milenario, también soy tan sólo el equivalente a una diminuta gota de agua y que tengo que darle gracias a la Vida por lo que soy… Por lo que fui y por lo que seré. Por lo que me ha dado y por lo que me sigue dando cada día…. Por las personas que, de una forma u otra, están cerca de mí… Por mi familia… y sobre todo por estos dos pequeñuelos… mis sobrinos: el «pequeño saltamontes» y el «duendecillo». Ellos me han dado lo que hasta ahora no había conseguido darme nadie: la motivación que necesitaba para seguir «soñando». Dejé de soñar… Dejé de pensar en el futuro porque no veía nada en él…. Ahora en mis sueños para el futuro los veo a ellos. Por eso ya no puedo rendirme… Tengo que seguir luchando para ver cómo se van haciendo grandes…¡Quiero verlos crecer! ¡Quiero estar ahí para ayudarles a perseguir y alcanzar sus sueños porque ahora sé que….mi futuro va de la mano de su futuro!

– Otesania –
Julio 2016